domingo, 24 de febrero de 2013

Amour: El mayor de los sacrificios.

Amour (Austria-Francia-Alemania, 2012)

Director: Michael Haneke.
Reparto: Emmanuelle Riva, Jean-Louis Trintignant, Isabelle Huppert, Alexandre Tharaud, William Shimell.

Existen muchas películas que pueden maravillar por su técnica o sus efectos, pero cuando una película logra llegar al corazón toca la perfección, algo que no puede calificarse ni describirse tan fácilmente. Amour, de Michael Haneke es una de esos pocos casos.

Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) son un matrimonio que atraviesan sus ochentas. Ambos retirados maestros de música viven activamente sin problemas serios de salud. Un día Anne sufre un ataque que la paraliza por un momento. Anne no quiere que le atienda un médico pero ante la insistencia de Georges ella es sometida a una operación para erradicar el mal pero la operación fracasó dejándola paralizada a la mitad. La enfermedad de Anne será una prueba de amor, de la vida, la esperanza y el sacrificio.

Con un guión de él mismo basado en experiencias familiares, Michael Haneke se aleja de los estándares que han marcado su filmografía (violencia, escenas perturbadoras, antiheroes) para regalarnos una historia auténtica, bella, inspiradora, abrumadora y muy triste, con una naturalidad excepcional alejándose del dramatismo clásico cinematográfico en donde el amor es precisamente el valor que trasciende a lo largo de toda la cinta y que mejor podría describir a esta historia, el amor que enfrenta los desafíos más crueles, el amor más doloroso y a la vez el más puro. La cinta nos permite reflexionar sobre el valor de la vida, de la familia, hasta qué punto una persona puede sacrificarse por los suyos, qué haríamos si fuésemos Anne o Georges cuando esto en realidad le puede pasar a cualquiera. La cinta, abordada de un modo minimalista y en ocasiones mezclándola con surrealismo a través de varias ensoñaciones y simbolismos logra que en un sólo escenario durante prácticamente toda la cinta (el departamento de la pareja) se logre desvelar toda esa mezcla de sentimientos encontrados, recordándonos a autores como Bergman, Carl Theodore Dreyer o Tarkovsky, quizás los mayores ejemplos del cine clásico europeo. De principio a fin, a través de un ritmo muy parecido al que transcurre la vida, Haneke, que es maestro en la Academia de Cine de Vienna, nos brinda a través de escenas imborrables con una potencia interior grandiosa, una cátedra de Cine con mayúsculas en estos tiempos donde la industria parece que ha vencido al arte.


Cuando una actuación logra que te introduzcas en el personaje y te olvides que lo que estás viendo es interpretado es cuando el histrión ha cumplido a la perfección su trabajo, es el caso de la pareja protagonista que prácticamente toda la película son el sostén de la historia. Emmanuelle Riva nos ofrece una actuación más allá, su interpretación de una mujer dura y activa a pesar de su edad y la metamorfosis hacia una persona vulnerable que va experimentando su personaje es natural y con una evolución trágica que a los menos duros espectadores robará más que una lágrima. Jean-Louis Trintignant como el esposo que tiene que entregar su cuerpo y alma al bien de su cónyuge nos muestra también la debilidad en un proceso tan doloroso como es ver que el ser que más amas se pierde poco a poco, además de enternecer por el coraje que lleva a toda la cinta hasta el clímax tan desgarrador.  Isabelle Huppert nos presenta una actuación sobria que va experimentando y sufriendo por lo que sucede con sus padres aunque con un dejo de egoísmo y finalmente muy interesante la intervención del pianista Alexandre Tharaud interpretándose a si mismo como el ex alumno de Anne.


La dirección de fotografía de Darius Khondji, cinefotógrafo de directores como Jean-Pierre Jeunet, David Fincher y los últimos trabajos de Woody Allen, trabaja por segunda ocasión con Haneke, aplicando colores grisáceos, iluminación tenue y tomas sin movimiento y largas nos adentra a ese entorno minimalista y melancólico que busca Haneke mostrar. La edición de Nadine Muse y Monika Willi, siempre frecuentes en las películas de Haneke igualmente favorecen con un ritmo calmado pero adecuado para transportarnos a ese cómodo departamento parisino.

La película en sí no cuenta con música original pero a lo largo de la cinta se escuchan los temas "Impromptu opus 90 - no1" y "Impromptu opus 90 - no3" de Franz Schubert,  "Bagatelle opus 126 - no2" de Beethoven  y "Prélude Choral: Ich ruf' zu dir, Herr Jesu Christ" de Bach (este último también fue usado en cintas de Tarkovsky), todas interpretadas por Alexandre Tharaud, que complementan el entorno cultural y artístico que rodeaba a la pareja y que formaba parte de su pasado, presente y el réquiem de su futuro.

Esta película, ganadora entre otros grandes premios la Palma de Oro en Cannes en 2012 es un ejemplo de cómo el arte es capaz de tocar los más profundos sentimientos del espectador, una película redonda y quizás una de las obras cinematográficas de mayor valor de los últimos tiempos.

Calificación:

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